La lucha entre el Covid y la ciudad

Actualizado: 30 may


La lucha entre el Covid y la ciudad por Áxel Capriles
La lucha entre el Covid y la ciudad por Áxel Capriles

Hay quienes opinan que la pandemia del Covid-19 marca el fin de la ciudad. Piensan que el distanciamiento social dejará secuelas en el trato y los colores de la interrelación humana, en nuestros lazos emocionales. Con el teletrabajo y el laptop en mano, las urbes sentirán el éxodo de las poblaciones hacia los perímetros urbanos y el campo. Sin duda, el confinamiento, el uso obligatorio de la mascarilla, las restricciones horarias, el cierre de la hostelería y el turismo y el obligado distanciamiento social, han afilado una hoja cortante que rasga la sociabilidad, pero las ciudades están muy lejos de haber perdido su encanto. Entre la muerte urbana y su vigor cultural, la agenda de espectáculos es el campo de batalla. Y en este sentido, Madrid está dando la batalla. Las actividades musicales y teatrales de la ciudad capital se mantienen en plena forma. Son la muestra de la pulsión de supervivencia de la cultura frente al miedo que paraliza los cuerpos.


En la lucha por mantener el tono cosmopolita frente a la depresión noticiosa, decidí reactivar mi vida urbana. Mi primera estación: el Teatro Real de Madrid. Como el curso de la pandemia impidió al Royal Ballet de Flandes asistir a su cita en Madrid, la siempre creativa dirección del teatro lo sustituyó rápidamente por It Dansa, un extraordinario grupo de jóvenes bailarines dirigido por Catherine Allard. No pudo haber mejor sustitución. Un trabajo de danza de altísima calidad, elegante, enérgico, contemporáneo. Compuesto por cuatro coreografías, Kaash, The Prom, In Memoriam y Whim, los cuerpos de los dieciséis bailarines llenaron el espacio con la fuerza de la imaginación que potencia la cultura, dándole entrada, también, al ingenio y al humor. Las piezas, a su vez, fueron un acto catártico, como Whim, donde un amplio catálogo de emociones, la felicidad, la tristeza, el estrés, el nerviosismo o la rabia, nos permiten revisar, con gracia, nuestra propia condición y neurosis.


Mi segunda parada fue en Las Naves del Español, en Matadero, para ver Marat-Sade, de Peter Weiss, que a pesar de darnos la sensación de un viaje retrospectivo hacia la década de 1970, plantea la necesaria discusión entre el poder de lo colectivo y la libertad individual. Por último, la semana concluyó en el Teatro Español con una versión de la obra de Federico García Lorca, Mariana Pineda. De nuevo, la inexplicable belleza del lenguaje lorquiano, esas palabras que tocan más allá de lo que conocemos, y la figura mítica del liberalismo español, fueron vehículos para constelizar la pasión como nuestra principal arma en contra del autoritarismo que utiliza cualquier debilidad para someternos en casa.


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